Cuando vamos al médico es útil conocer algunas de las palabras más utilizadas en este contexto, así podremos explicar qué nos pasa, entender las pruebas que van a hacer, el diagnóstico que nos realizan, y el tratamiento que nos mandan.

Los médicos encuentran en sus consultas particulares (que muchas veces trabajan con mutuas o sociedades de salud), en ambulatorios, y en hospitales. Los hospitales pueden ser privados o públicos (de la Seguridad Social). Cuando vamos fuera del horario de consulta, normalmente tratamos con un médico de guardia (por ejemplo, en hospitales suele haber al menos un médico de guardia de cada especialidad). Si encontramos muy mal, podemos llamar a un médico que vendrá a visitarnos a domicilio.

Para dolencias leves, lo normal es ir al médico de cabecera o médico de familia. Si es algo más serio, es el médico de cabecera el que nos remite a un médico especialista. Actualmente, nuestro historial médico o historia clínica encuentra informatizada y cualquier médico del sistema sanitario tiene acceso a ella.

¿Qué pasa, doctor?: Al describir qué ocurre podemos utilizar expresiones como “Me duele la cabeza”, “Me pica aquí”, “Tengo una hinchazón en esta parte”, “Tengo esta parte enrojecida”, “Tengo nauseas”, “Me mareo frecuentemente”, “Estoy embarazada”, “Toso mucho”, “Tengo tos”, “Me encuentro un poco resfriado”, “Me he torcido el tobillo, a mejor he hecho un esguince”, “Me siento muy nervioso, muy tenso”, “Estoy muy cansado, me voy durmiendo por todas partes”, …

Las pruebas médicas: antes de decirnos qué tenemos, el médico suele hacernos algunas preguntas sobre nuestra dolencia y nuestros hábitos. Luego, pasa a realizar algunas pruebas sencillas en la misma consulta como palparnos e inspeccionar visualmente la zona afectada, tomarnos el pulso, tomarnos la tensión, auscultarnos, etc. Aunque puede solicitar pruebas más complejas que normalmente se realizan en otro lugar (y muchas veces otro día) como pueden ser análisis de sangre, orina, o heces, radiografías, escáneres, etc.

El diagnóstico: una vez que el médico ha evaluado todas las pruebas emite o da su diagnóstico, es decir, qué nos pasa. Normalmente nos explica qué enfermedad tenemos, cómo ha llegado hasta nosotros, cómo curarnos, y la anota en nuestro historial para que en el futuro, pueda tenerse un registro completo de nuestra salud y así se puedan comprender mejor o prevenir futuras enfermedades (“más vale prevenir que curar”).

El tratamiento: Muchas veces el tratamiento se limita a una serie de recetas de fármacos que compraremos en la farmacia. Otras veces da una serie de pautas de comportamiento que deberemos adoptar o abandonar, o una serie de ejercicios físicos que podemos hacer por nuestra cuenta o con un fisioterapeuta. A veces da la baja para que dejemos de trabajar durante un tiempo y podamos recuperarnos mejor. En el peor de los escenarios, para curarnos debemos someternos a una operación quirúrgica, y en ese caso nos remite a un cirujano.