El pasado 19 de julio, una mala noticia llegó a nuestros oídos: había muerto un buen hombre, Vicente Ferrer. hombre bueno, como otros muchos que trabajan día a día para los demás. Pero el caso de Vicente Ferrer, era conocido por la mayoría de los españoles y muchas otras personas en el mundo. Al igual que la madre Teresa de Calcuta, este hombre dedicó su vida a los más pobres de India, intentando dotar de esperanza y dignidad a muchas personas con una vida realmente difícil, y que carecen de lo más básico.

Vamos pues a adentrarnos en vida de este español ilustre, que seguro vale la pena…

Vicente Ferrer nace en la ciudad española de Barcelona, el 9 de abril de 1920. Durante su juventud, entra a formar parte de la Compañía de Jesús, con la ilusión de cumplir su mayor deseo y vocación: ayudar a los demás.

En 1952, llega a Bombay como misionero jesuita para completar su formación espiritual, y allí mantiene su primer contacto con India. A partir de ese momento, empieza una nueva vida a la que dedicará todos sus esfuerzos, en aras de erradicar, en medida de sus posibilidades, el sufrimiento de los más pobres de ese país.

Lamentablemente, su labor genera suspicacias entre los sectores dirigentes, que ven en él una amenaza a sus intereses, hasta tal punto que consiguen una orden para expulsarle del país. Ante este hecho, más de 30.000 campesinos, apoyados por intelectuales, políticos y líderes religiosos, se movilizan en una marcha de 250 km. para protestar por la orden de expulsión.

Finalmente, y ante tal clamor popular, entonces primera ministra Indira Gandhi reconoce su gran labor, comprometiéndose a buscar una solución. Así, en 1968, Vicente sale del país y regresa a España para pasar un tiempo con su familia y reflexionar sobre sus siguientes pasos.

Esta situación no duró mucho ya que poco después, en 1969, vuelve a la India, instalándose ahora en Anantapur, uno de los distritos más pobres del país, para continuar con su lucha por mejorar las condiciones de los más desfavorecidos. Otro de problemas a que tuvo que hacer frente fue a la intención de la Compañía de Jesús de enviarle a otro destino. Pero él tenía muy claro que su lugar estaba en la India, y que su vida estaba ligada “de por vida” a ese país. Esta decisión le obligó a abandonar la Compañía de Jesús y a crear, junto a quien será su futura esposa unos meses más tarde, Anne Perry, la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur.

Sin embargo, durante los años 70 volvieron tiempos difíciles pues las autoridades de la región, ven de nuevo con recelo el trabajo de su Fundación, no dudando incluso a intentar encarcelarlo y conseguir disuadirle de su actividad diaria de ayuda a los más pobres. No obstante, y como no podía ser de otra forma, en esta ocasión la justicia está de nuevo de su parte y obtiene un fallo favorable de las autoridades judiciales de la región, que le libera de las acusaciones que sobre él recaían.

Años más tarde, en 1996, crea la Fundación Vicente Ferrer en España para asegurar la continuidad económica de proyectos en la India. Desde ese momento, y hasta su muerte el 19 de junio de 2009, lidera un proyecto que, hoy en día, continúa vivo gracias a un equipo de cerca de 1.900 personas y al apoyo de más de 139.000 colaboradores.

Su vida está claro que no ha pasado inadvertida. Han sido muchas y muy relevantes las instituciones y entidades que han querido honrar a Vicente Ferrer distinguiéndolo, entre otros reconocimientos, con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, recibido en 1998, o el galardón de Español Universal, obtenido en ese mismo año.

En cualquier caso, el mayor reconocimiento lo ha obtenido y lo obtiene de todas aquellas personas que, gracias a su trabajo y generosidad, hoy tienen una vida mejor y un futuro más digno.